“Cuando se habla de

demolición se piensa en destrucción y para nada

es el mejor sinónimo”

 

Tras la crisis económica y en un contexto de decadencia y lenta recuperación de la economía, Pedro Risueño (Mula, Murcia, 1993) decide dar continuidad al negocio familiar, dedicado en una primera fase a la construcción de obra civil, creando Demoresa, una empresa dedicada a la demolición de grandes edificios. A sus 24 años, Risueño se ha convertido así en el empresario de la demolición más joven de España.

 España cuenta con más de 25 millones de viviendas que suponen una media de una por cada dos habitantes. Gran parte de este stock de alojamientos y grandes edificios se construyeron hace décadas por lo que no cuentan con las características técnicas de eficiencia energética y accesibilidad que se demandan en la actualidad. Esto hace que  la rehabilitación de edificios sea una de las opciones más recurrentes a la hora de darle una nueva vida a todas estas construcciones y reducir su impacto ambiental. Este sector, que agrupa dentro de sus múltiples posibilidades la demolición, ha visto crecer sus datos tras la crisis económica influido, en gran parte, por la reactivación del flujo económico en el sector de la construcción.

 La historia de Demoresa, una empresa de origen murciano dedicada a la demolición de edificios, es una historia de éxito. Desde su creación en 2015 el crecimiento de la compañía ha ido subiendo exponencialmente con el paso de los meses. Uno de los  responsables de esta subida es  su director gerente Pedro Risueño que, tras realizar sus estudios en Madrid, decidió apostar por un sector en auge. Este joven murciano ha logrado cerrar proyectos con grandes constructoras españolas, las cuales han pasado a formar parte de la lista de clientes de la empresa junto a otras constructoras y estudios de arquitectura de menos envergadura. Entre las grandes empresas a las que estamos haciendo referencia se encuentran Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), Acciona, Dragados, Obrascón Huarte Lain (OHL) y Elecnor. 

 Aunque desde el principio los principales núcleos de actuación has sido Murcia y Madrid, en 2016 la compañía decide abrir una delegación en la capital que abarque todos los proyectos enmarcados dentro de la zona centro y alrededores. En menos de dos años, la empresa decide reinvertir todos sus beneficios en infraestructura y recursos humanos para seguir creciendo.

 En sus dos años de vida, el currículum de Demoresa lo engloban más de 120 proyectos de demolición entre los que destacan los siguientes: el interior del Nuevo Hospital Universitario de Toledo (Toledo) para OHL, Dragados y Acciona, en el que se está derribando en la actualidad el interior del mayor complejo hospitalario de Europa con más de 75.000 metros cuadrados de superficie; el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi (Madrid)  realizado para  FCC, un edificio  de 37.000 metros cuadrados propiedad del Ayuntamiento de la localidad madrileña al que se le ha limpiado el interior con las demolición de sus divisiones para dejar la superficie totalmente diáfana y darle posteriormente un nuevo municipal uso relacionado con actividades sociales; y, por último, el interior de un edificio de oficinas situado en Alcobendas (Madrid) realizado para Acciona y con el que mediante su demolición se persigue la posterior adaptación a la clasificación energética posterior. 

El compromiso de Demoresa con el medioambiente y la seguridad en el trabajo es una de las premisas de Risueño desde la creación de la empresa, algo que se traduce en inversión tecnológica. La compañía ha adquirido en el último año tres robots eléctricos de demolición que hacen que un alto porcentaje de sus obras carezca de emisiones de dióxido de carbono que sí que produce la maquinaria tradicional. Este factor supone una apuesta firme e innovadora para introducir en las obras tecnología punta, no contaminante y operada por control remoto, que a su vez disminuye considerablemente los riesgos laborales aumentando la seguridad de los trabajadores de la compañía. 

Entre las decisiones más reconocidas de su director gerente que han marcado la evolución de la empresa cabe destacar la ausencia de inversión en maquinaria pesada pero sí en infraestructura y tecnología. En este sentido, Demoresa arrienda el 85% de la maquinaria que emplea, lo que supone un riesgo mínimo en sus cuentas, ya que los gastos de maquinaria se convierten en variables en función del volumen de proyectos. 

Cambio Financiero ha conversado con Pedro Risueño sobre los retos, las dificultades y los objetivos de un joven empresario y sobre el estado de un sector que crece cada día.

Con solo 24 años ya dirige una empresa. ¿Cómo ha sido el camino que ha recorrido para conseguirlo? 

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Al echar la vista atrás vemos con orgullo todo lo que hemos conseguido hasta ahora, aunque aún queda mucho por hacer. Los jóvenes emprendedores tenemos que salir de nuestra zona de confort y escuchar lo que nuestro prematuro instinto empresarial nos dice. Es esencial rodearse de un  buen equipo que tenga muchas ganas de trabajar y crea en un proyecto común. Así mismo, la constancia es uno de los elementos más importantes a la hora de gestionar un proyecto como este. No hay que rendirse nunca, hay que ser constante ya que las cosas no se consiguen de un día para otro y menos en un sector como la demolición. 

¿Qué objetivos empresariales tiene como director gerente de Demoresa? 

Mi principal objetivo para la empresa en estos años ha sido el mantenerla como una compañía puntera que sea referente en el sector de la demolición. Me gustaría que los clientes sigan viéndola como una empresa de confianza y calidad, que sepan que el equipo está formado por personal altamente cualificado y que cuenta con años de experiencia en el sector de la demolición. Es decir, que sabe bien lo que hace y respeta tanto el medio ambiente como los edificios en los que trabaja. 

¿En qué situación se encuentra el sector de la demolición en la actualidad? 

El sector de la demolición, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades, está en plena expansión. Este desarrollo va ligado al auge de la rehabilitación de edificios, ya que es en esta partida en la que se están haciendo las grandes inversiones dentro de los núcleos poblacionales debido a la ausencia de suelo urbano en el que construir obra nueva. Esta situación hace que haya que buscar una solución alternativa para darle un nuevo uso y es ahí cuando toma el papel protagonista la demolición. 

¿Cuál es el perfil de cliente que tienen y qué tipo de edificios les piden demoler? 

Los principales clientes de Demoresa son las grandes constructoras, como consumidor principal, ya que son las que mueven los hilos de la rehabilitación y la demolición en las grandes ciudades. A estas se les suman también aquellas compañías que necesitan la ayuda de una empresa como la nuestra a la hora de acometer sus obras. También contamos con clientes pequeños, por denominarlos de otro modo, como son estudios de arquitectura y particulares que desean realizar un proyecto de demolición a pequeña escala. 

En cuanto a los edificios que solemos demoler van desde construcciones nuevas que tienen que adaptarse a la clasificación energética, que es uno de los proyectos que últimamente se están demandando con mayor asiduidad. Es decir, edificios que no cumplen con la clasificación energética A los cuales hay que demoler parcialmente su estructura para adaptarlos a la nueva clasificación. Por otra parte, también tenemos proyectos en edificios antiguos que hay de demoler por peligro de derrumbe o porque vayan a albergar una nueva edificación. 

¿Por qué la demolición supone darle una segunda vida a una construcción y no la muerte de este como se cree generalmente? 

La demolición es la UVI de una construcción, ya que cuando un demoledor entra en un edificio lo adecúa para crear uno nuevo con la misma esencia que tenía el antiguo pero adaptado a las necesidades actuales. En este sentido, Madrid cuenta con muchas construcciones antiguas que por dentro están en mal estado porque su estructura está elaborada en madera, barro o piedra y que con el paso del tiempo y la falta de cuidados han hecho que esta estructura sea insostenible y hacen que el edificio esté muerto. Es en este momento es en el que entra la empresa de demolición a derribar la construcción para permitir que después pueda volver a edificarse con un nuevo espíritu.